No, hoy no me apetece seguir absurdos protocolos. Me siento sobre las reglas establecidas esperando mi justo castigo pero feliz de poder dar de nuevo una calada a mis días rebeldes. Hoy digo adiós a las formalidades y a hipócritas etiquetas. No me convencen los cánones instaurados, tengo la incorregible manía de cuestionármelo todo. Tú quieres que vaya con vestido, yo me presentaré en pantalones. Que dices blanco, yo voy al negro. Contemplo todo aquello en lo que a uno no le queda más remedio que convertirse y descubro que necesito escapar de vez en cuando de los exacerbados impuestos que me pide la vida, de la cortesía fingida, de las palabras puntuales. No sé cuánto tiempo estaré dispuesta a vivir con el disfraz y bajo el velo de lo políticamente correcto. Pero ahora me da por ser rebelde, quitarme el antifaz y gritarle a este perturbado mundo que hoy me sublevo y que, cuando llegue el día, estaré dispuesta a liderar mi propia revolución.
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