ESTHER DE LÓZAR CUEVAS
Dedico este pequeño espacio de intelectualidad a mi gente, que me regaló unas alas inmensas; a la vida, que me enseñó a emprender el vuelo sin estrategias ni maquillaje; a la educación, que me hizo libre. Esta mariposa de altos vuelos recupera su pluma... y escribe. ¡Bienvenidos a mi blog!
"La pluma es más poderosa que la espada y escribir con ella es considerablemente más fácil" (Feldman)
"Podría estar encerrado en una cáscara de nuez y sentirme rey de un espacio infinito" (Shakespeare)
"El alma tiene ilusiones como el pájaro alas. Eso es lo que la sostiene" (Victor Hugo)
"La peor lucha es la que no se hace" (Karl Marx)
"Lo que con más trabajo se adquiere, más se ama" (Aristóteles)
Un yerno "casi perfecto"
Parecía el yerno perfecto. Un hombre atractivo, con don de gentes, ex medallista olímpico. Por ello, la opinión pública se estremeció a finales del año pasado, cuando el nombre de Iñaki Urdangarín apareció en el sumario de Palma Arena (presunta trama de corrupción en las Islas Baleares con una treintena de políticos y cargos ejecutivos imputados). Es el primer miembro de la monarquía implicado en un caso judicial.
La expectación mediática gira en torno a la pieza número 25 del caso Palma Arena, la Operación Babel, más conocida como el Caso Urdangarín. La Fiscalía Anticorrupción acusa al Instituto Nóos, asociación sin ánimo de lucro y relacionada con la organización de eventos deportivos (presidida por Urdangarín entre 2004 y 2006), de apropiación de dinero público (nada menos que 5,8 millones de euros) pagado por el gobierno balear y la Generalitat Valenciana entre esas fechas, así como de la creación de sociedades mercantiles fantasma a las que desviar estos fondos.
La institución monárquica se resiente y el Rey Juan Carlos se desvincula sutilmente de las presuntas actividades delictivas de su yerno, al calificar su conducta de “poco ejemplar” y de especificar en su discurso navideño que “la justicia es igual para todos”. En su declaración ante el juez, el duque de Palma afirmó no saber nada. Ni del paraíso fiscal de Belice. Ni del funcionamiento de la gestión administrativa de Nóos. Ni de facturas ni documentos. Ni de la contabilidad ni relaciones entre sociedades contenidas en el sumario. Nada de nada. Comparecía para, según sus propias palabras, “demostrar su inocencia y defender su honor” pero se ha limitado, en un interrogatorio que ha durado veintidós horas, a la negación y el desconocimiento. La pelota en el tejado de su ex socio, Diego Torres, experto en estrategia empresarial y para muchos, el cerebro de las operaciones fraudulentas.
Es lamentable que un hombre que lo tenía todo en la vida y que gozaba del cariño de la Familia Real y del respeto de los ciudadanos vea mermada su reputación y seriamente perjudicada su credibilidad por unos negocios corruptos. Y es la mejor excusa para apedrear a la Casa Real, el punto débil de una monarquía hasta hoy muy bien valorada. Es muy cómodo acrecentar el patrimonio personal a costa de ser un personaje público y utilizar la vinculación con la Corona para cometer irregularidades y jugar con el dinero público. Su imagen desmejorada es consecuencia de los varios delitos en los que podría haber incurrido derivados de sus actividades empresariales: malversación, desvío de fondos públicos, tráfico de influencias y falsedad documental. Delitos que pueden traducirse en 15 años de cárcel.
A la Monarquía no le quedará más remedio que pronunciarse, lanzar un comunicado cuando se conozca la decisión del juez. En la balanza queda de un lado el individuo y de otro la democracia y la vinculación del Rey con su Estado de Derecho. Los españoles esperan justicia. Que se juzgue a Urdangarín como ciudadano. Nada de privilegios ni impunidad.
Era el yerno perfecto. Pero cuando su figura fue retirada del Museo de Cera de Madrid y apartada de la Casa Real, Urdangarín se quedó en eso, en apariencias, pura fachada. Y la Zarzuela temblando, pensando que opinarán los juancarlistas del asunto, con el consorte ideal imputado y los graves efectos colaterales para una institución a la que no le ha quedado más remedio que rendir cuentas. Y la ambición una vez más como telón de fondo de una historia de corrupción y desfalco en una España en plena crisis económica y con los indignados esperando a que una justicia, alejada de protocolos y vínculos nobiliarios, juzgue a todos por igual.
En tu ausencia
En tu ausencia he olvidado tus poemas, las caricias, las heridas. He sido libre, he conocido otros brazos, lugares recónditos y olvidados, he aprendido a escuchar al mar y a sus ninfas de dorados cabellos. He sido caballero de princesas abandonadas, promotor de sinceras esperanzas, fuerte en mis convicciones, exitoso en mis ambiciosos proyectos. Volaba en otros cielos, te borraba del mapa, conquistaba otros espacios, me enamoraba de esa mujer que se sinceraba y creía en el compromiso, de una persona de carne y hueso que amaba el desorden y se reía suavemente de sus propios secretos, sin compartirlos jamás conmigo pero regalándome su compañía. Demasiado sencillo, demasiado fácil…
En tu ausencia he recordado cada lunar de tu cuerpo, las canciones, tu risa cristalina, tu arrolladora sinceridad. He quedado preso de tus caprichos, incapaz de vivir a la orilla de otros sueños, sin calma ni valor, con un miedo atroz a sumergirme en las aguas gélidas habitadas por sirenas sin encanto ni pasión. He sido débil en un mundo vacío y sin gracia, masticando mis fracasos y esperando, siempre esperando. Prisionero en una jaula apuntalada que me impedía ver el sol y sus destellos, rechazando a mujeres más reales que tú pero ninguna con tu descarnada visceralidad, con tu desquiciante perfeccionismo y tus verdades desnudas. Firmo mi declaración de amor en una estación descolorida mientras espero tu regreso, has ganado una vez más. Te busco en el andén camino a un paraíso imaginario para decirte que sin ti no soy nada, que vuelvas pronto, que los tacones de tus zapatos rojos se me clavan en el alma. Pero que prefiero vivir bajo la amenaza de su aguijón a verme privado de unos ojos que me condenan a ser nada más que un mendigo ante una reina descarada. En tu ausencia he querido ser dueño de mi vida, en tu ausencia he comprendido que soy mero esclavo de la tuya.
En tu ausencia he recordado cada lunar de tu cuerpo, las canciones, tu risa cristalina, tu arrolladora sinceridad. He quedado preso de tus caprichos, incapaz de vivir a la orilla de otros sueños, sin calma ni valor, con un miedo atroz a sumergirme en las aguas gélidas habitadas por sirenas sin encanto ni pasión. He sido débil en un mundo vacío y sin gracia, masticando mis fracasos y esperando, siempre esperando. Prisionero en una jaula apuntalada que me impedía ver el sol y sus destellos, rechazando a mujeres más reales que tú pero ninguna con tu descarnada visceralidad, con tu desquiciante perfeccionismo y tus verdades desnudas. Firmo mi declaración de amor en una estación descolorida mientras espero tu regreso, has ganado una vez más. Te busco en el andén camino a un paraíso imaginario para decirte que sin ti no soy nada, que vuelvas pronto, que los tacones de tus zapatos rojos se me clavan en el alma. Pero que prefiero vivir bajo la amenaza de su aguijón a verme privado de unos ojos que me condenan a ser nada más que un mendigo ante una reina descarada. En tu ausencia he querido ser dueño de mi vida, en tu ausencia he comprendido que soy mero esclavo de la tuya.
Octava derrota
Ya suman ocho. Las derrotas me pesan como plomo, son lágrimas en mi diario de adolescente. No existo para ti, no hay miradas de complicidad ni palabras o gestos que me animen a hablar contigo. Es mi remolino el que me condena a repetir las mismas curvas y a creer en mis posibilidades. Los golpes me aturden, las caídas se acumulan en el alma y me hacen sentir la frustración en su estado máximo. Hay otros peces en el mar, pero es mi obsesión de vivir a contracorriente la que me conduce a ti. No tienes novia, quizás tengas tus historias y tus comeduras de cabeza, como yo. Tu aire de chico malo me seduce y me quita el habla. Te contaría que soy una chica normal, con sus manías y sus defectos pero también con sus virtudes y muchos sueños por cumplir. Te diría también que me tiene loca tu mirada azul, tu voz, esa sonrisa encantadora y segura de sí misma. Pero sumo y sigo porque aún no me has hecho ni una pizca de caso. Y mañana en el instituto masticaré la novena. Otra derrota más para la colección, hasta que me mires o hasta que la corriente me trague mar adentro.
La revolución del estudiante
Ahora les toca a los estudiantes. Los nuevos recortes en educación y la reforma laboral del PP han promovido manifestaciones de jóvenes por diferentes ciudades de nuestro país. Bajo lemas como “nuestras armas son los libros”, las calles se han vestido estos días de revuelta estudiantil, de ácida crítica a la merma de calidad de una educación que precisamente los políticos han erigido como símbolo necesario para enfrentar la crisis. Una crisis que hoy por hoy cuenta con más de cinco millones de parados (la mitad jóvenes) y que afecta a una generación tan preparada como desorientada.
A los recortes de sueldos, becas o actividades extraescolares se sumará una reducción en las plantillas y un aumento de las horas lectivas. Todo el mundo tiene derecho a manifestarse y en esta ocasión los estudiantes lo hacen en defensa de una educación pública digna. La austeridad presupuestaria golpea de nuevo a la enseñanza, dentro de un contexto social incierto y en declive y bajo la sombra de una reforma laboral que hace temblar a los interinos docentes y reduce las plantillas de los centros, entre otras medidas. Sin educación no hay progreso. La mejor inversión de un país es su formación, la preparación de unos jóvenes que sin duda alguna son el futuro. Si renunciamos a la inversión en recursos humanos y calidad, si vapuleamos el sistema educativo y lo entregamos a las fauces del capitalismo, habremos perdido.
La crisis no puede convertirse en excusa política para arremeter contra este servicio social. A la palestra los sueldos vitalicios, los enchufismos de las instituciones públicas, la duplicidad de cargos inútiles pero muy bien remunerados. Pero claro, de eso no queremos hablar. Preferimos recortar las alas a los que están formándose, a los que aspiran a demostrar sus conocimientos y vivir algún día de ellos. Por ello los estudiantes toman las calles. Porque dicen no a las estrategias mercantilistas y de privatización educativa. Es una sublevación justa y pacífica pero apasionada. Su rebeldía está justificada, su opinión crítica les induce a actuar. Son protagonistas con iniciativa, con ganas de comerse un mundo que está de capa caída. Esperemos que entre recorte y recorte, sus sueños no se estampen contra la papelera de unos reajustes equivocados, de un progreso mal entendido, de un fracaso que se masticará a largo plazo.
De puntillas
Pasaba por la vida de puntillas, no quería molestar. Sobre los dedos de los pies apoyaba ella todo su peso, sus angustias, sus incertidumbres. No quería nunca llamar la atención, escapaba de los lugares ruidosos, de las muchedumbres y del eco de las voces potentes y escandalosas. El color de sus uñas era el de la discreción y se escondía entre los pliegues de su timidez y de la reserva a la que le conducía su sentido común. Nunca un movimiento en falso, tampoco un tono más elevado que otro. Paseaba su prudencia en silencio por las calles de la moderación y los papeles secundarios. Dejaba el protagonismo a los demás, permanecía en un eterno segundo plano, observando y comprendiendo, midiendo cada paso, siempre de puntillas, siempre a escondidas. Era una mujer que no había arriesgado nada en la vida o que quizá lo hubiese perdido todo. Escapaba de su sombra, de su pasado, de su futuro. Sin hacer ruido, para dejar también de existir en su presente. La existencia pesa demasiado para sostenerla únicamente con la punta de los dedos. Es como un suicidio diario, una penitencia a cuestas. Pero ella sobrevivía así, en la oscuridad, en sus desconocidas verdades, en todo lo que callaba. De puntillas, esperando no destacar a la luz del día, rogando desaparecer antes de que sus miedos descubrieran su paradero, sus inconfundibles pisadas a medias.
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