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| La Pluma Crítica |
ESTHER DE LÓZAR CUEVAS
Dedico este pequeño espacio de intelectualidad a mi gente, que me regaló unas alas inmensas; a la vida, que me enseñó a emprender el vuelo sin estrategias ni maquillaje; a la educación, que me hizo libre. Esta mariposa de altos vuelos recupera su pluma... y escribe. ¡Bienvenidos a mi blog!
"La pluma es más poderosa que la espada y escribir con ella es considerablemente más fácil" (Feldman)
"Podría estar encerrado en una cáscara de nuez y sentirme rey de un espacio infinito" (Shakespeare)
"El alma tiene ilusiones como el pájaro alas. Eso es lo que la sostiene" (Victor Hugo)
"La peor lucha es la que no se hace" (Karl Marx)
"Lo que con más trabajo se adquiere, más se ama" (Aristóteles)
Cerrado por exámenes
Me despido del blog hasta marzo puesto que inicio mi mes de exámenes. Gracias a todos por estar ahí, sois mi mejor excusa para seguir escribiendo.
Un abrazo y hasta pronto.
Mis historias
No sé si mis historias complacerán a la reina de las letras. Dicen que no hace caso a los novatos, que su memoria abarca siglos de versos y que entre sus neuronas quedaron atrapados los intelectuales más perfeccionistas, los escritores más osados. Su reinado es codiciado por artistas y sabios, envidiado por falsos poetas, ambicionado por todos aquéllos que aman y cultivan las palabras como la máxima expresión de un sentimiento o de un recuerdo que teme morir olvidado si no es expresado por escrito, inmortalizado en papel, comprendido por unas pupilas irisadas, devorado a través de la piel.
Los privilegiados que han visto de cerca su rostro temen perderse en las sílabas que se escapan de sus labios, en los inaccesibles vocablos, en las expresiones nunca antes escuchadas, en estructuradas frases y decadentes acentos, en la trampa de una prosa formalista y lejana hasta para un erudito que ha gozado de reconocimientos y prestigio. Aún me queda mucho camino, me pierdo entre las letras que descuelgan las nubes y trato de no quedar presa entre las garras de un diccionario sin significados ni esencia. A once pasos de la reina de las letras, quizá a cincuenta, quién sabe, la distancia es por ahora relativa, un punto de partida, una forma de conectarme a la vida de una reina impoluta. Quisiera que ella leyera lo que escribo, valorara mis palabras y hasta mis vacíos. Si desaprueba lo que hago no me quedará más remedio que volver sobre mis pasos. Dicen que no hace caso a los novatos pero yo por si acaso sigo con mis historias, sin hacer caso a las malas lenguas ni al desquiciante toque de queda. Esperando encontrarme con la reina de las letras, anhelando algún día, por qué no, poder competir con ella.
Los privilegiados que han visto de cerca su rostro temen perderse en las sílabas que se escapan de sus labios, en los inaccesibles vocablos, en las expresiones nunca antes escuchadas, en estructuradas frases y decadentes acentos, en la trampa de una prosa formalista y lejana hasta para un erudito que ha gozado de reconocimientos y prestigio. Aún me queda mucho camino, me pierdo entre las letras que descuelgan las nubes y trato de no quedar presa entre las garras de un diccionario sin significados ni esencia. A once pasos de la reina de las letras, quizá a cincuenta, quién sabe, la distancia es por ahora relativa, un punto de partida, una forma de conectarme a la vida de una reina impoluta. Quisiera que ella leyera lo que escribo, valorara mis palabras y hasta mis vacíos. Si desaprueba lo que hago no me quedará más remedio que volver sobre mis pasos. Dicen que no hace caso a los novatos pero yo por si acaso sigo con mis historias, sin hacer caso a las malas lenguas ni al desquiciante toque de queda. Esperando encontrarme con la reina de las letras, anhelando algún día, por qué no, poder competir con ella.
Estúpida madurez
Estúpida madurez, incomprensibles adultos. Ellos creen saber siempre lo que me conviene, lo que debe o no hacerse, lo que necesito llevar en mi equipaje de niña buena. Ellos, sí, los mayores, que me miran con ojos atentos y siempre vigilan mis pasos, y dicen que no entiendo porque aún soy pequeña, y me prohíben escuchar sus historias, y esconden ante mí sus problemas, y me hablan de disciplina y seriedad. Son cosas de mayores, dicen. Como si no supiera yo que los adultos crearon las armas, idearon las guerras, se hicieron enemigos. Y se matan entre ellos y hasta se dejan morir de hambre. Sus ideologías y sus patriotismos les ciegan, su ilógica madurez llena los telediarios de acontecimientos espantosos y bajo sus abrigos esconden ellos sus secretos y sus pecados. Y luego me riñen a mí… Qué incomprensibles son ¿verdad? Que no me vigilen tanto que yo no pienso crecer ni creer en su mundo de mentira. Me quedo con mis cuentos de ficción y mi vestido de princesa. Luego vendrán desesperados y me pedirán que cambie sus engaños por mis caramelos. Estúpida madurez.
Madonna, la reina de la transgresión
Siguiendo con el asunto tratado esta semana, se puede decir que ese deseo de la mujer de romper con la norma vigente y desestabilizar el sistema patriarcal que oprime a la mujer también se aprecia en otros ámbitos culturales, tales como el mundo de la imagen, por ejemplo, en los videoclips o vídeos musicales. Laura Mulvey afirma, con respecto al cine, que los hombres aparecen como sujetos de la historia y las mujeres como objetos de su mirada. Pero siempre existen excepciones, entre ellas Madonna y su comportamiento como estrella del pop y como mujer decidida y capaz de cuestionar la desigualdad sexual por medio de sus letras y sus imágenes; esta cantante invierte esta interpretación tradicionalista que sitúa a la mirada del hombre como aspecto dominante y a la mujer como objeto de deseo. En sus vídeos, dedicados fundamentalmente a la creación de imagen, son las mujeres las que toman el mando de las relaciones y aparecen representadas como dueñas de la mirada.
Esta gran artista, capaz de mantenerse 20 años en el mundo del espectáculo, sigue hoy día logrando impresionantes ventas y continúa presente en los medios debido a sus innumerables escándalos. Tocarse la entrepierna en algunos conciertos o recurrir a la religión como reclamo de atención a su trabajo han sido actuaciones muy discutidas. “Hace tiempo que dejé de buscar el reconocimiento de otras personas. Una tiene que hacer lo que tiene que hacer”, afirma la diva.

Por su capacidad de representar las contradicciones y misterios de su tiempo hizo que su impacto superase al de rivales de la talla de Prince o el propio Michael Jackson. Pero para entender el éxito de Madonna y su supervivencia en un mercado exigente y cambiante, hay que tener en cuenta el contexto social de los 80, marcado por un modo de vida patriarcal, puritano, donde los hombres tienen el protagonismo absoluto en el mundo de la música, fundamentalmente en la rama del rock.
Es lógico que las adolescentes de su época estén, por una parte, inmersas en un sistema patriarcal al que inconscientemente imitan y obedecen y, por otra, embelesadas ante la oportunidad que representa Madonna de romper con los cánones establecidos y establecer un modelo de mujer independiente y liberal. Si Madonna fue capaz de enganchar a la juventud con las letras de sus canciones, fue porque abrió en ella una alternativa al sistema establecido, la ruptura de una norma hasta entonces nunca cuestionada.

Sus fans, admiraban fundamentalmente de ella su auto-satisfacción, el encuentro de un placer físico que nada tiene que ver con los hombres. “Es sexy pero no necesita de los hombres... es autosuficiente”, llegarán a decir. Mientras la prensa presentaba y presenta el cuerpo femenino como un problema constante donde las espinillas o el tamaño inadecuado de los pechos, entre otras cuestiones, acomplejan a las más jóvenes, Madonna es una forma eficaz y contundente de enseñarlas a amarse a sí mismas. La cantante representó para la mayoría de las adolescentes la trasgresión de la norma, la creación de una imagen desenfadada y atrevida, la ocasión de miles de mujeres de identificarse con la idea de emancipación, libertad, independencia.
Sus vídeos son una clara alusión a un protagonismo hasta entonces vedado a la mujer en los espacios públicos. En ellos se puede ver a las adolescentes en sus mundos reales, participando en las actividades de la calle, haciendo grafitis, fumando, integrándose en tribus urbanas o subculturas, bailando, divirtiéndose, incluso delinquiendo. Ahí está el éxito de Madonna; en la exaltación de la feminidad frente al icono masculino de poder y fuerza, como podemos ver en algunos de sus videos, como “Material girl” o “Erótica”.
Una crítica a la sociedad patriarcal y al papel dominante de los hombres; “para un hombre ser una mujer sería degradante” pero en secreto le gustaría saber que se siente, y una defensa a la mujer; “fuerte por dentro”. A pesar de la inexistencia de referencias sexuales, la MTV la definió como impropia y la censuró. Tal vez por considerarla una ofensa al sistema. Asimismo, expresiones como “me encantaría ponerte en trance” o “pon las manos sobre todo mi cuerpo” fueron criticadas por su contenido sexual. De nuevo la mujer dueña de su sexualidad. El erotismo es la forma empleada por Madona para desterrar el mito de la mujer como objeto sexual y placer para los hombres.

En vídeos como “Like a virgin”, Madonna aparece alternativamente representando a una mujer pura y virginal, vestida de blanco, y a una mujer fatal y desenfadada, vestida de negro. En “Material girl” hace de mujer ambiciosa que domina y es consciente de su control sobre los hombres. Es su forma de burlarse del sistema opresor y de esas absurdas pero arraigas representaciones de la mujer que hace tanto tiempo surgieron en el campo artístico y literario. No sólo denuncia al sistema por medio de sus canciones y sus imágenes. Sus fotografías transgresoras y atrevidas muestran a una clase de mujer muy distinta a las ensalzadas por la publicidad, y su mirada reta desafiante al espectador. Puede que sólo sea su deseo de vender el que le lleve a adquirir y repetir ciertos gestos y actitudes pero está claro que, sea por la razón que sea, Madonna realiza una auténtica crítica a esa ideología dominante que subyuga a la mujer y que sigue vigente en nuestros días.

Como las grandes estrellas, Madonna también contó con detractores. Muchos llegaron a escandalizarse con sus canciones cuando, en realidad, ella lo único que hizo fue mostrar la parte oculta de cada mujer, ese deseo sexual tantas veces reprimido y matado por una sociedad recogida en el recato y contraria a la exaltación de la sexualidad. Su consolidación como artista reside en el mero hecho de exponer públicamente y sin tapujos los eternos temas “tabú”, las propias preocupaciones e inquietudes que miles de adolescentes debían guardar para sí. El pudor salió del armario con esta rubia, pelirroja o morena, una eterna diva que permitió a las mujeres de su época poder valorarse de una forma hasta entonces desconocida, dejar el recato a un lado, expresarse libremente, eliminar la subordinación que las ataba a los hombres.
Ruptura con el eterno femenino
La opresión y la subordinación que desde diferentes campos ha sido sometida la mujer han levantado voces de rebeldía y la negativa de parte del colectivo femenino a seguir siendo un objeto deseado exento de sentimientos y pasiones. Son mujeres de carne y hueso, que nada tienen que ver con los mitos y estereotipos de esas mujeres fatales o exóticas vampiresas.
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| "Untitled" (Cindy Sherman) |
Por lo que respecta al ámbito pictórico, las dificultades con que se ha enfrentado la mujer que quiere ser sujeto del arte expresan una dialéctica entre el impulso de crear y el de permanecer en el papel que le ha sido atribuido. Es complicado el papel de la mujer artista a la hora de representarse cuando desde siempre ha sido ella misma la representada. En el campo de la fotografía y realizando una crítica de la representación destacan artistas como Bárbara Kruger, Jenny Holzer, Sherrie Levine y Cindy Sherman.
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| "Untitled" (Cindy Sherman) |
Por ejemplo, las fotografías de Cindy Sherman suponen una crítica al papel asignado tradicionalmente al sector femenino. Esta fotógrafa nos habla de las posiciones de libertad de la mujer en el siglo XX, una mujer renovada cuya imagen cambia mediante el disfraz. Titulando cada una de las fotografías "Untitled", Sherman despersonaliza las imágenes; no es Sherman quien está en ellas, ella es el modelo y el director y la imagen es su concepto. Su apropiación del espacio en ambos lados de la lente desestabilizó la tradicional oposición entre el artista y el modelo, el objeto y el sujeto”.
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| "La lluvia dorada" (Elke) |
Otras artistas también rompen con el concepto clásico de la mujer. La deconstrucción de los códigos sexistas habituales se aprecia, por ejemplo, en el trabajo de Elke Krystufek, quien realiza una reivindicación de la sexualidad femenina frente a la represión a la que la mujer ha sido sometida en el ámbito sexual.
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| "Jenniffer Mille" (Zoe Leonard) |
La identidad femenina se deconstruye con trabajos artísticos de carácter ambiguo, en los que la mujer adquiere rasgos propiamente masculinos por medio del vello corporal y la barba. Entre las diferentes fotografías que destruyen ese ideal de belleza asociado a lo femenino destaca Jenniffer Mille (1995), obra de la artista neoyorkina Zoe Leonard. Se trata de una crítica y de una revisión de los conceptos de masculinidad y feminidad, así como el de la identidad; una mujer que puede ser hombre, un hombre dentro del cuerpo de una mujer.
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| Orlan |
Un ejemplo extremo lo representa la artista Orlan, quien en busca de nuevas identidades ha pasado por diversas operaciones quirúrgicas con el fin de insertarse en el rostro los rasgos emblemáticos de la belleza clásica. Ya en la mitología griega, un ejemplo de mujer ideal era la Venus, que según la leyenda el artista Zeuxis creó combinando los rasgos de las mujeres más bellas de Crotón. Esa forma de representar la figura femenina mediante el ensamblaje de los miembros anatómicos más hermosos ha sido una constante en la historia del arte, llevada a cabo hoy día por medio de la mutilación y fragmentación corporal. Orlan utiliza como material su propio cuerpo para demostrar que ese canon de belleza, al aplicarse a la mujer, produce en realidad un monstruo. Su propio autorretrato, lejos de representar la belleza ideal, presenta una imagen que impide su placer estético.
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