ESTHER DE LÓZAR CUEVAS

Dedico este pequeño espacio de intelectualidad a mi gente, que me regaló unas alas inmensas; a la vida, que me enseñó a emprender el vuelo sin estrategias ni maquillaje; a la educación, que me hizo libre. Esta mariposa de altos vuelos recupera su pluma... y escribe. ¡Bienvenidos a mi blog!

"La pluma es más poderosa que la espada y escribir con ella es considerablemente más fácil" (Feldman)

"Podría estar encerrado en una cáscara de nuez y sentirme rey de un espacio infinito" (Shakespeare)

"El alma tiene ilusiones como el pájaro alas. Eso es lo que la sostiene" (Victor Hugo)

"La peor lucha es la que no se hace" (Karl Marx)

"Lo que con más trabajo se adquiere, más se ama" (Aristóteles)

La mujer en el cine (I)

"El Graduado"
   Al igual que en los demás campos de comunicación, en el ámbito cinematográfico es el hombre el poseedor de la mirada y la mujer la imagen observada. La mirada protagonista es la del hombre, tanto del protagonista de la película como el propio espectador que observa en la pantalla a un protagonista masculino con el que se siente identificado y a una figura femenina como objeto de deseo, en un segundo plano. 

   En el artículo “Placer visual y cine narrativo”, su autora, Laura Mulvey, indaga en el cine clásico realizado en Hollywood durante los años treinta, cuarenta y cincuenta donde descubre como este cine narrativo reproduce en su interior esos roles masculinos y femeninos propios de una sociedad patriarcal como es la de Occidente. El hombre como dueño de la mirada y como protagonista que guía y soluciona la trama mientras que la mujer aparece en un segundo plano, como sujeto pasivo, mero fetiche. Basándose en el concepto freudiano y lacaniano del psicoanálisis y la semiología, Mulvey señala cómo esa diferencia sexual queda marcada a través de la mirada cinematográfica (masculino/sujeto activo y femenino/objeto pasivo). Basta con que indaguemos en los grandes géneros cinematográficos de Hollywood como el western, el bélico, la ciencia ficción, el de aventuras,… clasificados como propios del mundo masculino para que tal interpretación quede confirmada.

   Las condiciones de exhibición (la oscuridad del auditorio…) y las convenciones narrativas de los films, tal y como señala Mulvey, permiten al espectador satisfacer ese deseo de mirar a un mundo privado y prohibido. Siendo ese propio acto de mirar la fuente de la cual obtiene placer el propio espectador. Y ese placer visual que el hombre experimenta al situarse frente a la pantalla es lo que se conoce como escoptofilia. 

"La tentación vive arriba"
   Mulvey, en su texto, hace mención a dos formas de obtener ese placer escoptofílico: la primera surge de tomar a otra persona (mujer) como objeto de estimulación sexual a través de la vista. Las conocidas como pin-up (que promueve la apariencia de la mujer como un espectáculo sexual), entre las que destacamos a Marilyn Monroe. Esa rubia de curvas voluptuosas y sonrisa sexy que la hacían encantadoramente sexual aparece en películas como “La tentación vive arriba” como un entretenimiento y objeto sexual cuyo cometido se reducía a mostrar ese espectacular cuerpo y su escaso intelecto, convirtiéndola tal y como señala el título de la película, en una tentación tanto para el protagonista como para el espectador.

   “Por qué me gastaría 3 dólares y 95 centavos en el miserable ventilador. No sirve para nada. Mañana lo llevaré a la tienda y le exigiré que me devuelvan mi importe. Y esta noche…con este calor cómo voy a dormir. Supongamos que me quedo con el ventilador, lo meto en la nevera, dejo la nevera abierta y también la puerta del dormitorio y se establecerá una fuerte corriente de aire helado. ¡Demasiado frío!”. (Marilyn Monroe; “La tentación vive arriba”)

   Y la segunda forma, desarrollada a través del narcisismo y de la constitución del ego, surge de la identificación con la imagen vista. O lo que es lo mismo, el espectador tiende a identificarse con la estrella masculina estereotipada al percibirlo como su sustituto en la pantalla; y a través de él (protagonista masculino), el espectador pasará a controlar y poseer a esa mujer, concebida como ente sin voz, en el interior de la trama. 

"American beauty"
   Esa figura femenina que definíamos como paciente y débil plantea a su vez un problema recóndito. Según Freud, su falta de pene implica una amenaza de castración para el hombre, y por lo tanto de displacer. El personaje femenino como portadora de diferencia sexual se concibe como un peligro para el hombre; peligro que según la propia productora cinematográfica, queda resuelto en el discurso cinematográfico a través de dos formas: mediante lo que se denomina vouyerismo, donde el placer del varón reside en el hecho de probar las culpas de la mujer, en la reafirmación de su control o en el sometimiento de la persona culpable (personaje femenino) a través de una opresión sádica o del perdón; o mediante la fetichización de esa imagen femenina, donde ésta deja de ser la portadora de la culpa para convertirse en un objeto perfecto, cuyo cuerpo fragmentado por los primeros planos pasa a ser el contenido del film y donde el protagonista del mismo queda exento de toda actividad fuera de la mera contemplación. 

   En los dos casos se efectúa una separación precisa de los papeles de ambos sexos que Mulvey relata como efecto de la ideología “patriarcal”, la cual encubre un pensamiento sexista sobre los mecanismos de identificación y del placer visual. Mientras la mujer aparece supeditada a los deseos y necesidades del protagonista masculino; él, al contrario, aparece definido como poseedor de la mirada y como provocador de los acontecimientos narrativos.

   Podemos afirmar que el modo esencial de ver a la mujer no ha cambiado mucho desde entonces. Las mujeres siguen siendo representadas de un modo distinto a los hombres, y no porque lo femenino sea diferente de lo masculino sino porque, tal y como afirma John Berger, siempre se supone que el espectador “ideal” es un varón y la mujer está destinada a complacerle (...)

1 comentario:

Esther de Lózar dijo...

Te agradezco a ti por leerlo, Oz. Un abrazo.

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