ESTHER DE LÓZAR CUEVAS

Dedico este pequeño espacio de intelectualidad a mi gente, que me regaló unas alas inmensas; a la vida, que me enseñó a emprender el vuelo sin estrategias ni maquillaje; a la educación, que me hizo libre. Esta mariposa de altos vuelos recupera su pluma... y escribe. ¡Bienvenidos a mi blog!

"La pluma es más poderosa que la espada y escribir con ella es considerablemente más fácil" (Feldman)

"Podría estar encerrado en una cáscara de nuez y sentirme rey de un espacio infinito" (Shakespeare)

"El alma tiene ilusiones como el pájaro alas. Eso es lo que la sostiene" (Victor Hugo)

"La peor lucha es la que no se hace" (Karl Marx)

"Lo que con más trabajo se adquiere, más se ama" (Aristóteles)

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Un plan de estudio


    Hay muchos estudiantes a los que les falla el método, la forma de enfrentarse a la materia ante la falta total de organización y previsión. Lo primero que uno ha de hacer para preparar con éxito una asignatura es recopilar la información base en torno a la cual estructurará sus decisiones, tiempo y técnicas de estudio. Y ello incluye la guía de la asignatura, los temas y epígrafes, la bibliografía recomendada, la combinación con trabajos o supuestos prácticos, el tipo de examen, el tiempo del que dispongo para estudiar…     La planificación del estudio diario permite economizar nuestras posibilidades y nuestro tiempo e instaura un hábito de dedicación intelectual que nos ahorra el sobreesfuerzo mental en épocas de exámenes. Se trata de una programación personal y realista de nuestras propias metas porque nadie mejor que nosotros conoce nuestras necesidades y posibilidades. No se trata de atarse ni de cuadricularse en torno a un horario fijo inamovible sino anticiparse y tomar conciencia de un tiempo que transcurre y que se puede convertir en el peor enemigo de los estudiantes. Soy partidaria de estudiar todos los días a la misma hora e introducir descansos cada hora de 5 a 10 minutos (nunca más porque se pierde la concentración y las ganas de seguir). 

    Cada estudiante tiene la experiencia de su propia preparación. Si alguna vez hemos fracasado o no nos hemos atrevido a presentarnos a un examen por considerar no estar lo suficientemente preparados y no dominar el temario, somos conscientes de que habría que haber incluido más horas, de que no disponíamos del tiempo adecuado, de que no hemos comprendido la esencia de la asignatura… Sin estudio ordenado, metódico y organizado no hay nada. No se recogen frutos porque ni siquiera se han plantado las semillas. Y entonces parece una misión imposible, un camino de incertidumbres que no conduce a ningún lugar. Pero de los fracasos aprendemos. Un error implica una alternativa de estudio, otra oportunidad para aprender. Con una visión realista de nuestras posibilidades y sin despreciar los puntos débiles que nos hacen vulnerables. Jamás justificaré ni uno sólo de mis fracasos en factores externos porque considero que es echar balones fuera. Me exigiré como mínimo el mismo nivel de mi nota más alta y valoraré como ingrediente esencial del triunfo académico la perseverancia y la motivación. Mucho más que la inteligencia y la memoria. La fuerza de voluntad impregnando cada línea concienciada de estudio y dedicación. 

    Muchas personas se embarcan en la aventura de unos estudios serios y acaban sucumbiendo ante los temarios y la falta de organización. Imposible, creen. Falla la estrategia, no el ser humano. El estudio es una actividad compleja y si no se ha desarrollado la técnica de estudio propicia, ni se sabe estudiar ni se consigue aprobar. 

    Dicen que la mejor vida es la del estudiante pero no hay mayor desgaste que el mental y psicológico que implica la memorización y puesta en práctica de unos conocimientos que debes ser capaz de reflejar en un examen. Del trabajo desconectas, de los libros… nunca. Estudiar implica otra forma de trabajar, el rendimiento es intelectual. Por ello y para evitar los quebraderos de cabeza, un plan de estudios. Porque la planificación implica autonomía y el logro de los objetivos fijados a largo plazo.
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Enfermera, ¿cuánto sabe de leyes?


   El colectivo enfermero no ha entendido el examen de oposición que el pasado 17 de junio reunía en el BEC a 9.648 aspirantes presentados para 705 plazas para el Ente Público Vasco Osakidetza. A la incredulidad se suma la desesperación, la angustia, la rabia. El Tribunal de Oposición encargado de la confección de las preguntas tipo test decidió alejarse de la realidad cotidiana de esta profesión para dar un peso exacerbado a la parte de legislación provocando unos resultados calamitosos, traducidos en el 70% de suspensos (únicamente han aprobado 2.977 personas, el 30,86% del total). 

   ¿Quiere decir que la abrumadora mayoría que no ha superado la prueba no está cualificada?, ¿que los enfermeros y enfermeras del País Vasco se han enfrentado a una prueba donde los conocimientos de su profesión han quedado eclipsados por el reto de la cronicidad y decretos y leyes varias?, ¿Que los pacientes necesitan un repaso a la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias o a la Ley de Cohesión y Calidad en el Sistema Nacional de Salud?

   Tras la fase de oposición llega el concurso. Y personas que llevan tantísimos años trabajando para Osakidetza se encuentra con un examen absurdo y que cierra puertas y envejece de golpe. 29 preguntas dedicadas a legislación han primado sobre prevención de salud, patologías y demás aspectos sanitarios propios de la profesión. Incomprensible. Y leo y releo el examen y no doy crédito. Entre las preguntas nos encontramos con el siguiente ejemplo: “Según la Ley 8/1997, indicar la respuesta correcta: a) en el ámbito de cada área de salud se podrá señalar la ordenación territorial superior que resulte necesaria en función de cada circunstancia territorial; b) en el ámbito de cada área de salud se podrá señalar la ordenación territorial superior que resulte necesaria para cada tipología de prestaciones o servicios sanitarios; c) en el ámbito de cada área de salud se podrá señalar la ordenación territorial geográfica que resulte necesaria para cada tipología de prestaciones o servicios sanitarios; d) en el ámbito de cada área de salud se podrá señalar la ordenación territorial inferior que resulte necesaria en función de cada circunstancia territorial”. 

   La criba ha sido brutal y muchos temen el orden de las nuevas listas de contratación temporal, que perjudicará a los suspendidos, independientemente de los años de trabajo y méritos complementarios que posean. 

   El suspenso para el Tribunal porque no ha hecho los deberes ni parece haberse molestado en ojear el temario y para los aspirantes la amarga decepción que deja una prueba injusta y arbitraria que de oportunidad de acceso a plaza fija se transforma en infierno particular, en otra nueva y probablemente más larga espera. En un punto muerto, en una falta de reconocimiento a la veteranía y profesionalidad, en un puesto bajo en las listas. 

   La lógica y los conocimientos específicos han quedado al margen, los contenidos han sido otros. El Derecho es fundamental en los temarios de ofertas de empleo público y la enfermería tenía varias “biblias” particulares, por ejemplo el Código de Deontología de Enfermería o la Ley reguladora de la Autonomía del Paciente. Son importantes pero no son el pilar del mundo sanitario donde la práctica lo es todo. Se puede llegar a entender que en las oposiciones existan ciertas preguntas rebuscadas y que la competencia es muy dura. Pero no hablamos de eso, cualquiera diría que se presentaban a unas oposiciones del Ministerio de Justicia. A la basura las horas de preparación, de elaboración de resúmenes, esquemas, memorización del material. La asistencia sanitaria es otra cosa y el Señor Bengoa debería haberlo valorado. No es de recibo este tipo de examen.

            Mi apoyo a las miles de personas veteranas que se enfrentaron al examen de Osakidetza, tras años de servicio y trabajo. ¡Ánimo! Dedicado a mi hermana Raquel, enfermera, para que mire con optimismo a la próxima OPE y domine las patologías… y las leyes.
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Empleos del futuro


   Los chinos consideran que las crisis son el principio de una gran oportunidad. La tasa de paro española (20%) nos sitúa a la cabeza de Europa (en algo teníamos que ser los primeros) pero hay algunos, economistas y escritores varios, que consideran que existen aún muchos nichos por cubrir en el mercado laboral y que es cuestión de creatividad y talento. Lo que a grandes rasgos se viene a predicar es que los títulos académicos, aunque necesarios, ya no garantizan nada. En esta época de catástrofe económica, son los emprendedores los que buscan (y encuentran) su sitio. La formación se siente así amenazada por la creatividad y la imaginación, la actitud ganadora, el talento y la especialización en ciertas ramas del conocimiento. 

   Parece que la idea de trabajo para toda la vida ha quedado obsoleta y ahora se habla de flexibilidad e innovación. Los trabajos del futuro estarán relacionados con el medio ambiente y el desarrollo sostenible, la salud, el cuidado de ancianos y la gestión de redes y nuevas tecnologías. Los profesionales más demandados serán los ingenieros industriales, de telecomunicaciones, de caminos, de montes y agrónomos, los titulados en energías renovables, mecánica, electricidad, electrónica, fabricantes de equipos… Incluso adquirirán gran auge las denominadas profesiones híbridas (combinación de varios perfiles), como por ejemplo, el periodista-diseñador gráfico. 

   Algunos de los trabajos de nuevo cuño son el community manager, profesional que gestiona comunidades virtuales y protege la reputación online de cierta marca; broker del talento, responsable de administrar y vender las capacidades de los trabajadores; reciclador ambiental, encargados de la reconversión de residuos tóxicos en materias primas; nanomédico, médico con formación en nanotecnología… La lista es inmensa y en ella también encontramos cirujanos de aumento de memoria, tecnoagricultores, diseñador de videojuegos, holografistas, especialistas en reversión del cambio climático, abogado virtual, inversor de tiempo o gestores personales de marca, entre otros.

   Es cuestión de adaptación a los cambios, de comprender que las reglas del dinero y del mercado laboral están en plena metamorfosis y que tenemos que optar entre el reciclaje y la exclusión. El espíritu emprendedor es el caballo ganador pero no creo que se deba infravalorar la cualificación y hasta incluso la sobrecualificación profesional de todos los que estamos continuamente formándonos porque es la idea de esfuerzo y preparación académica la que nos conduce a ser un poco menos ignorantes y a estar un poco más preparados. Somos los que soñamos con un futuro sacrificando el presente.
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La revolución del estudiante

   Ahora les toca a los estudiantes. Los nuevos recortes en educación y la reforma laboral del PP han promovido manifestaciones de jóvenes por diferentes ciudades de nuestro país. Bajo lemas como “nuestras armas son los libros”, las calles se han vestido estos días de revuelta estudiantil, de ácida crítica a la merma de calidad de una educación que precisamente los políticos han erigido como símbolo necesario para enfrentar la crisis. Una crisis que hoy por hoy cuenta con más de cinco millones de parados (la mitad jóvenes) y que afecta a una generación tan preparada como desorientada. 

   A los recortes de sueldos, becas o actividades extraescolares se sumará una reducción en las plantillas y un aumento de las horas lectivas. Todo el mundo tiene derecho a manifestarse y en esta ocasión los estudiantes lo hacen en defensa de una educación pública digna. La austeridad presupuestaria golpea de nuevo a la enseñanza, dentro de un contexto social incierto y en declive y bajo la sombra de una reforma laboral que hace temblar a los interinos docentes y reduce las plantillas de los centros, entre otras medidas. Sin educación no hay progreso. La mejor inversión de un país es su formación, la preparación de unos jóvenes que sin duda alguna son el futuro. Si renunciamos a la inversión en recursos humanos y calidad, si vapuleamos el sistema educativo y lo entregamos a las fauces del capitalismo, habremos perdido. 

   La crisis no puede convertirse en excusa política para arremeter contra este servicio social. A la palestra los sueldos vitalicios, los enchufismos de las instituciones públicas, la duplicidad de cargos inútiles pero muy bien remunerados. Pero claro, de eso no queremos hablar. Preferimos recortar las alas a los que están formándose, a los que aspiran a demostrar sus conocimientos y vivir algún día de ellos. Por ello los estudiantes toman las calles. Porque dicen no a las estrategias mercantilistas y de privatización educativa. Es una sublevación justa y pacífica pero apasionada. Su rebeldía está justificada, su opinión crítica les induce a actuar. Son protagonistas con iniciativa, con ganas de comerse un mundo que está de capa caída. Esperemos que entre recorte y recorte, sus sueños no se estampen contra la papelera de unos reajustes equivocados, de un progreso mal entendido, de un fracaso que se masticará a largo plazo.
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Estudiar a distancia (II)

   (...) En mi caso concreto, y por una vocación jurídica que nació en mis primeros años de carrera presencial, decidí iniciar la aventura de mis estudios universitarios a distancia en la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia). Para mí era un terreno totalmente desconocido. Pronto me empapé de su metodología, de su sistema de exámenes presenciales, de sus tutorías presenciales (voluntarias) en el Centro Asociado de mi localidad (nunca he asistido), de sus cursos virtuales. 

   Una vez matriculado, cada asignatura presenta una guía didáctica en la que se indica el temario a tratar, la bibliografía pertinente y el modelo de examen. Los libros son muy extensos y el susto es muy grande cuando descubres que todo es materia de examen y que, por lo tanto, cualquier epígrafe puede caer como pregunta de evaluación. Si no eres disciplinado, la UNED no es tu universidad. He tenido que hacer verdaderos esfuerzos memorísticos para abarcar materias interminables y complejas, con los tecnicismos característicos del lenguaje jurídico y el añadido de la comprensión lógica de los casos prácticos que se incluyen en el examen (en la mayoría de las asignaturas). Para quien sienta curiosidad, mis notas siempre han sido muy buenas y en la UNED también he logrado matrículas y sobresalientes pero mi esfuerzo ha sido sobrehumano y aún me quedan muchas lágrimas y mucho estudio por delante. 

   Una asignatura en la UNED equivale a meses de estudio concienciado y concentrado. He tenido que renunciar a unas cuantas asignaturas por falta de tiempo material para estudiar y eso resulta muy frustrante. Quizá porque siempre me he exigido demasiado. Pero he de decir que lo mejor es matricularse de un mínimo abarcable de asignaturas porque es preferible aprobar unas pocas con buena nota (o con un cinco raspado, que en la UNED es un verdadero mérito) antes que ir a por todas y no presentarse a ninguna con el desgaste añadido de haber estudiado sin resultados. Expreso esta opinión porque lo he vivido así. Si no tienes un control, abandonarás o tu proyecto se convertirá en prácticamente inviable por el elevado número de años que deberás invertir (a no ser que se tenga ya un trabajo y se estudie por puro placer). 

   De acuerdo a mis pautas y a mis experiencias anteriores, yo he valorado mucho la posibilidad de un estudio autodidacta y de forma aislada porque necesitaba un cambio con respecto a la presencial y porque creo que no hay mejor forma que aprender que la de una asimilación correcta de los contenidos a través de la comprensión y una estrategia centrada en la memorización de la teoría, imprescindible para afrontar un caso práctico. La gran ventaja es la eliminación de la toma y cotejo de apuntes y su sustitución por un libro ya dado, el referente que tendrán en cuenta los profesores del departamento pertinente. 

   Es tu obligación fijar unos horarios de estudio diarios porque la desidia se puede convertir en la peor de tus compañeras. Jamás recomendaría la UNED para los más jóvenes, a no ser que no tengan más opción. Lo digo por su dureza y por la extensión de los temarios. Pregúntale a un alumno de derecho de una universidad presencial cuántos folios tiene de media para cada asignatura y la diferencia es brutal si lo comparamos con la UNED. No en balde tiene esta universidad tan buena fama y de ella han nacido grandes opositores y grandes ejemplos de superación. 

   Sí he de confesar que echo de menos el compañerismo y el intercambio de impresiones, la disponibilidad de un tutor que te anime con un gesto o escuchar mi nombre y apellidos de un profesor que me conoce y ha visto mi evolución. Pero la corrección imparcial de un examen en el que no se tienen en cuenta ni trabajos, ni asistencia a clase ni participación activa es una de las consecuencias inevitables del estudio a distancia. 

   Quería aprovechar estas líneas para mandar un abrazo muy fuerte a todos esos valientes que afrontan la misión de estudiar en la UNED, con sus familias, sus trabajos, sus miedos, sus fobias, sus fracasos, sus angustias, sus altibajos. Me quito el sombrero y reconozco su mérito, más allá de los suspensos que minan la ilusión por momentos o de los aprobados que saben a gloria. Poco a poco, la meta se ve cada vez más cerca. Como siempre he dicho, no quiero un título para colgarlo en la pared, sino para demostrar mi valía en una sociedad que exige tanto, en un mundo en el que, tarde o temprano, estar preparado académicamente se premiará como el mayor de los logros.
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Estudiar a distancia (I)

   Como cada vez son más las personas que deciden estudiar a distancia, me gustaría explicar mi experiencia al respecto y las conclusiones a las que he llegado después de varios años siguiendo este método, tanto en estudios universitarios (Licenciatura de Derecho en la UNED, Universidad Nacional de Educación a Distancia), como en diferentes cursos de formación complementaria que consideraba necesarios para complementar mi curriculum. 

   La educación a distancia supone decir adiós a las clases presenciales, a la elaboración de apuntes, al contacto directo con los profesores, a las caras conocidas. Las principales técnicas que hay que utilizar para no hundirse en el desánimo (porque, a diferencia de lo que algunos comentan, el estudio a distancia requiere de mucha constancia y una metodología estricta) son la disciplina, la tenacidad, el esfuerzo y sacrificio y una óptima planificación del tiempo. No hay que olvidar que la inexistencia de un horario riguroso obliga al estudiante a elaborar su propio calendario académico y su particular plan de estudios. Y con ello me refiero a que cada uno distribuye su tiempo del modo que estime más oportuno y productivo conforme a su disponibilidad y sus aptitudes. 

   La responsabilidad exigida es mayor que en los estudios presenciales porque el ritmo lo marcas tú, no el profesor de turno o la academia, y los plazos de estudio marcados condicionan los resultados posteriormente obtenidos. La autonomía te proporcionará satisfacción si has sabido optimizar el tiempo de estudio y si has rendido lo suficiente de cara a la nota final. En principio, tendemos a asociar estudios a distancia con facilidad, comodidad, flexibilidad, libertad. Son muchos los que se enfrascan en la aventura de realizar una carrera a distancia creyendo que es como un título vendido en la tómbola pero resulta que no les queda más remedio que abandonar porque no era tan fácil como ellos creían. No era regalado, vamos. Siguiendo el hilo, remarco la importancia de una buena organización del tiempo disponible, la información previa y fiable sobre el curso o la carrera de interés, la utilización de las tecnologías de la información para adaptarlas al aprendizaje y utilizarlas como complemento de formación (foros virtuales, chats, buscadores…). 

   Otro factor clave es la motivación. Si no sientes pasión por lo que haces, terminarás por considerar obligación lo que en realidad debería ser un aprendizaje voluntario. Es otra de las trampas de este tipo de estudios. No hay obligación de asistir a clases y si te puede la vagancia o el aplazamiento continuo del estudio, estás perdiendo el tiempo y el dinero. No te encuentras en un aula, no estás rodeado de compañeros, nadie marca un control, no hay un profesor que te explique y oriente, no hay un horario temporal sobre el que apoyar el estudio y distribuir la materia. Tú mismo marcas el aprendizaje de una forma constructiva y autónoma, asimilando conocimientos y estableciendo metas realistas. A pesar de que recomiendo a la gente joven la experiencia de los estudios universitarios de forma presencial (recuerdas con nostalgia las explicaciones en la pizarra, las clases aburridas y el contacto con personas que tienen tus mismas inquietudes e intereses), también he de decir que estudiar a distancia es un viaje apasionante, en solitario pero con la mágica posibilidad de ser dueño del tiempo y sus minutos, de la materia que aprendes cada día, de la actualización correspondiente, de los conocimientos que se aferran en la mente. Qué duda cabe, eres autodidacta (...)
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Finlandia, líder europeo en Educación


   Confieso que miro al norte de Europa con una mezcla de admiración y envidia. Puede que las tasas de suicidio sean de vértigo pero tienen un sistema educativo que quita el hipo. El modelo educativo por excelencia es el finlandés. El informe PISA de 2009 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que mide la comprensión lectora y las habilidades matemáticas y científicas de jóvenes de 15 años en 65 países, sitúa a la cabeza a Corea del Sur, Finlandia, Shanghái (China) y Hong Kong. 

   Un solo país europeo es capaz de competir en educación con los grandes monstruos asiáticos mientras que España se ahoga en la vergüenza de no alcanzar la media de los países desarrollados. No es cuestión de contenidos sino de forma porque en Finlandia convierten la enseñanza en un arte, apuestan por la participación del alumnado en lugar de las tradicionales clases magistrales, hablan al menos cuatro idiomas y se basan en la motivación como motor del estudio disciplinado y los altos rendimientos académicos. Las clases poseen un reducido número de alumnos (nunca superior a 25), el profesorado es muy valorado y respetado y su sueldo es notablemente superior al que dicho colectivo recibe en España y la autonomía de los centros permite a cada uno de ellos adquirir un protagonismo mayúsculo en la dirección y gestión de sus proyectos educativos, siempre orientados en función de las necesidades personales de su alumnado. 

   Todos estos cambios se comenzaron a gestar a finales de los años setenta, gracias a una profunda reestructuración e inversiones en educación que permitieron a este país europeo destacar y convertirse en ejemplo de enseñanza y formación. Concretamente, el 12,5% del PIB de Finlandia está destinado a educación, porcentaje que duplica al español. Si no fuésemos tan vagos, levantaríamos la cabeza y dirigiríamos nuestros ojos al norte para ser espectadores y alumnos en unas aulas más veteranas y juiciosas, para asistir a las tutorías personalizadas y el apoyo a los alumnos con bajo rendimiento, para conocer un lado práctico que aquí desconocemos, para dar a la lectura la importancia que se merece y valorar la supervisión y la evaluación personal del docente, para perdernos en la delicia del plurilingüismo y en la gratuidad absoluta que acompaña al sistema finlandés. 

  Nuestros resultados mediocres en educación desatan la alerta roja y agudizan el resquebrajamiento de un sistema que necesita de cuidados e inversiones, de mejoras y cambios. Finlandia inventó y a nosotros puede que no nos quede más remedio que imitar. Cuando descubres que en este país, de inviernos fríos y veranos tristes, la nota media necesaria para acceder a la universidad es de 9, no puedes por menos que sorprenderte y pararte a pensar en ese líder de educación que seduce y deslumbra. Pero claro, se me olvidaba que, hasta para pensar, España es un país demasiado vago.
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Nuestra Educación, recortada


   El inicio del curso académico coincide con la polémica decisión de los diferentes gobiernos locales de proceder a una serie de recortes educativos que han enervado a un colectivo docente que ha decidido echarse a la calle. Entre las espinosas medidas adoptadas se encuentra la de incrementar la jornada laboral de los profesores de Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional en dos horas lectivas más a la semana (concretamente 20 horas semanales). Esto supone, según fuentes sindicales, el despido de 3.000 interinos. 

   He defendido siempre la Educación (con mayúsculas) como la mejor apuesta para luchar por un futuro digno y ahora me encuentro con este desaguisado. El profesorado, atacado por el estrés y amenazado por males evidentes como la falta de autoridad de los padres en unos hijos insumisos o la apatía de unos chavales que aún no tienen nada claro en la vida, se ven ahora afectados por unos recortes presupuestarios que atacan directamente a una política social básica como es su caballo de batalla diario, la Educación. Nos quejamos del elevado fracaso escolar, del absentismo, de las bajas notas de un alumnado que parece haber perdido la motivación. Y clavamos por la espalda la estocada perfecta, cargando sobre un profesorado materias que no serán propias de su especialización (porque no será experto en la asignatura que por rebote se le haya asignado) y renunciando al trabajo de unos interinos que resentirá el sistema educativo y la formación de los alumnos más desventajados. 

   Y es comprensible la desmoralización de un profesorado ante la frivolización de la situación por parte de determinados políticos, entendiendo que el malestar se arrastra desde el recorte de sus retribuciones entre un 5 y un 10%, la reducción estatal y autonómica de las partidas presupuestarias educativas en una cantidad superior a los 2.000 millones de euros y la exigua oferta de empleo público (con sólo un 30% de reposición de efectivos). Y la crisis como excusa de estas decisiones que provocarán una merma del aprendizaje, un esfuerzo supletorio a la plantilla fija, un desgaste en progreso social y un empobrecimiento en cultura y conocimientos. Madrid como ejemplo de unos preocupantes recortes sociales y bomba electoral entre PP y PSOE. Al margen de cualquier partidismo y de cualquier ideología, seguiré defendiendo aquello en lo que creo y aquello que a mí me ha dado la vida, la libertad y lo que, a fuerza de tanto estudiar, he valorado como algo muy mío; mis conocimientos. A pesar de las estocadas, a pesar de los tijeretazos. Tenemos que seguir apostando por la Educación.
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Consejos para el nuevo universitario

   Hay una primera vez para todo en la vida. La introducción en la Universidad implica un cambio radical en cuanto a aprendizaje, evaluación y relaciones sociales se refiere. Uno se siente perdido cuando aterriza frente a edificios desconocidos, códigos incomprensibles, pasillos interminables, explicaciones que agobian. Comprendes lo inevitable, que eres neófito en el mundo universitario. Para aplacar esa sensación de angustia, de paso de un colegio abarcable a un campus inmenso, es necesario conocer la institución en la que vas a vivir durante varios años, así como los entresijos que se esconden bajo sus cristales y salas. Si te familiarizas con el ambiente, terminas por perder el miedo. Ubicarse es fundamental. La secretaría del centro, las bibliotecas y sala de ordenadores, el COIE (Centro de Orientación y de Información de Empleo), las diferentes actividades patrocinadas por la universidad, jornadas y cursos, carnés de estudiantes… 

   Se rompe literalmente con la etapa anterior. Personal y académicamente hablando. Puede que lo que te funcionara en Bachillerato no te sirva de nada ahora. La toma de decisiones está en tus manos y las primeras semanas son clave para bucear por ese mundo que se abre ante ti, conocer a tus nuevos compañeros e implicarte en el proceso del aprendizaje universitario. Los grandes enemigos del universitario son la fiesta excesiva, la falta de integración o motivación, la apatía por la carrera elegida, la cafetería del campus, la falta de preparación suficiente, la carencia de madurez, el descontrol horario y la ausencia a las clases magistrales. 

   No desequilibres la balanza. Organiza tu tiempo, asegúrate de que la información de la que te vales provenga de fuentes fiables, asiste regularmente a las clases, pregunta tus dudas, descubre la metodología y los gustos de cada profesor, completa la bibliografía básica, documéntate, marca un horario de estudio, identifica tus prioridades y no olvides tus límites. Es una experiencia única, el salto a la educación superior, a la prudencia y la sensatez, al caos que luego se transformará en orden lógico. Al novato se le reconoce a kilómetros de distancia pero es una etapa que hay que experimentar. Echo de menos la espera masiva fuera de un aula cerrada con llave, las exposiciones de los compañeros, las clases aburridas y la sensación de triunfo tras la salida de un examen perfectamente ejecutado, la biblioteca que aún hoy me recordará con nostalgia, los trabajos individuales, el final del camino, el título académico bajo el brazo…

   La universidad te libera o te condena. Depende de cómo aproveches tu libertad y del futuro que desees construir. Mi consejo es la disciplina y la seriedad. La independencia universitaria como símbolo de madurez y de paso a la vida adulta. La decisión es tuya.
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