Sólo se trata de escapar de la ignorancia y de las tinieblas, de las aguas revueltas y analfabetas. Fui estudiante ayer, soy estudiante hoy y seré estudiante por siempre. Y mi recompensa será el poder bucear por mares inexplorados, conocer especies nunca antes descubiertas, bailar con los delfines, jugar con las sirenas. Seguiré nadando con mi bañador de rayas aunque me duelan los brazos y las piernas, aunque me digan que de nada vale mi baño, que es un viaje suicida. En una de mis inmersiones, contemplaré embelesada los bosques de conchas marinas. Cuando esté preparada, mías serán sus aguas y sus perlas.
ESTHER DE LÓZAR CUEVAS
Dedico este pequeño espacio de intelectualidad a mi gente, que me regaló unas alas inmensas; a la vida, que me enseñó a emprender el vuelo sin estrategias ni maquillaje; a la educación, que me hizo libre. Esta mariposa de altos vuelos recupera su pluma... y escribe. ¡Bienvenidos a mi blog!
"La pluma es más poderosa que la espada y escribir con ella es considerablemente más fácil" (Feldman)
"Podría estar encerrado en una cáscara de nuez y sentirme rey de un espacio infinito" (Shakespeare)
"El alma tiene ilusiones como el pájaro alas. Eso es lo que la sostiene" (Victor Hugo)
"La peor lucha es la que no se hace" (Karl Marx)
"Lo que con más trabajo se adquiere, más se ama" (Aristóteles)
Mar de letras
A veces siento que me ahogo en este mar de letras, de infinitas lecturas y áridos temarios. Es un sacrificio necesario para obtener el tan ansiado reconocimiento. No me queda más remedio que nadar, que mantenerme a flote aun cuando las palabras traten de hundirme con ellas y arrastrarme a la locura de sus profundidades, al abismo de sus equívocos. No puedo abarcarlo todo pero sigo intentándolo. Porque creo en sus verdades, porque creo en la cultura, en la formación del espíritu y en la riqueza del lenguaje. Mantengo actualizados mis pulmones mientras mi mente se acostumbra a vivir en constante contacto con el agua, con la sabiduría de sus conocimientos, con el zarpazo de sus a veces incomprensibles discernimientos.
Sólo se trata de escapar de la ignorancia y de las tinieblas, de las aguas revueltas y analfabetas. Fui estudiante ayer, soy estudiante hoy y seré estudiante por siempre. Y mi recompensa será el poder bucear por mares inexplorados, conocer especies nunca antes descubiertas, bailar con los delfines, jugar con las sirenas. Seguiré nadando con mi bañador de rayas aunque me duelan los brazos y las piernas, aunque me digan que de nada vale mi baño, que es un viaje suicida. En una de mis inmersiones, contemplaré embelesada los bosques de conchas marinas. Cuando esté preparada, mías serán sus aguas y sus perlas.
Sólo se trata de escapar de la ignorancia y de las tinieblas, de las aguas revueltas y analfabetas. Fui estudiante ayer, soy estudiante hoy y seré estudiante por siempre. Y mi recompensa será el poder bucear por mares inexplorados, conocer especies nunca antes descubiertas, bailar con los delfines, jugar con las sirenas. Seguiré nadando con mi bañador de rayas aunque me duelan los brazos y las piernas, aunque me digan que de nada vale mi baño, que es un viaje suicida. En una de mis inmersiones, contemplaré embelesada los bosques de conchas marinas. Cuando esté preparada, mías serán sus aguas y sus perlas.
Malas influencias
Eran malas, malísimas. Paseaban su perfidia por las calles de la ciudad y los hombres se quedaban mirando fijamente su silueta por el espejo retrovisor. El mundo se derretía de placer en sus manos y la noche se arrodillaba para verlas pasar. La conquista era su carta de presentación y la juventud eterna su único sueño. El artificio se hacía mujer, el cinismo tenía las uñas largas e hirientes y la envidia se colaba entre sus escotes y se atrevía a mecerse entre sus largas pestañas bien entrada la madrugada. La falda demasiado corta, las mentiras demasiado largas, los labios insultantemente atrevidos.
Las veía pasar cada sábado y me quedaba prendada de su locura y de su perversa y ficticia pose, de sus risas de cristal y de su piel irisada. Siempre a la moda, siempre a la última, siempre preparadas para eclipsar. Dicen que quemaban sus noches de juerga entre copas y desconocidos, que coqueteaban con la cocaína y que despertaban en brazos extraños. Olvidaban todo, hacían barrido y cada sábado era una primera vez. Hay quien dice que volvían desorientadas y que deambulaban sin rumbo fijo, perdidas en su propio mar de contradicciones, con sus melenas descolocadas y el rímel corrido, sin más deseo que el de olvidar algo que ya no recordaban y dormir hasta que la luna volviese a vestirse de gala para ellas. Por dentro estaban malheridas pero salían de caza igualmente. Quizá ellas fueran la única presa. Lo cierto es que yo nunca las vi volver. Siempre coincidía con ellas al nacer la noche y en algún lugar del camino, se producía un cruce de miradas. Mi admiración se perdía en sus alocadas palabras porque cuanto más se aproximaban a la luz de las farolas más brillo perdían. Su magia envolvía sus ojos con los míos pero mi admiración no llegaba más allá de sus escandalosas conversaciones. Imposible el cruce de caminos porque su senda no era la mía...
Eran malas, malísimas. Salían de caza cuando la luna ya estaba vestida de gala para ellas y las estrellas derretían su fuego desde lo alto, haciendo más deslumbrantes sus largas melenas. Por dentro estaban malheridas pero salían a matar porque la sangre de sus almas desgastadas se confundía con el rojo de sus labios carmín, siempre dispuestos a comerse la noche, unos labios carmín que olvidarían sus magulladuras y sus errores imperdonables al salir el sol.
Las veía pasar cada sábado y me quedaba prendada de su locura y de su perversa y ficticia pose, de sus risas de cristal y de su piel irisada. Siempre a la moda, siempre a la última, siempre preparadas para eclipsar. Dicen que quemaban sus noches de juerga entre copas y desconocidos, que coqueteaban con la cocaína y que despertaban en brazos extraños. Olvidaban todo, hacían barrido y cada sábado era una primera vez. Hay quien dice que volvían desorientadas y que deambulaban sin rumbo fijo, perdidas en su propio mar de contradicciones, con sus melenas descolocadas y el rímel corrido, sin más deseo que el de olvidar algo que ya no recordaban y dormir hasta que la luna volviese a vestirse de gala para ellas. Por dentro estaban malheridas pero salían de caza igualmente. Quizá ellas fueran la única presa. Lo cierto es que yo nunca las vi volver. Siempre coincidía con ellas al nacer la noche y en algún lugar del camino, se producía un cruce de miradas. Mi admiración se perdía en sus alocadas palabras porque cuanto más se aproximaban a la luz de las farolas más brillo perdían. Su magia envolvía sus ojos con los míos pero mi admiración no llegaba más allá de sus escandalosas conversaciones. Imposible el cruce de caminos porque su senda no era la mía...
Eran malas, malísimas. Salían de caza cuando la luna ya estaba vestida de gala para ellas y las estrellas derretían su fuego desde lo alto, haciendo más deslumbrantes sus largas melenas. Por dentro estaban malheridas pero salían a matar porque la sangre de sus almas desgastadas se confundía con el rojo de sus labios carmín, siempre dispuestos a comerse la noche, unos labios carmín que olvidarían sus magulladuras y sus errores imperdonables al salir el sol.
Sin nada que perder
Aquí estoy, frente a ti, sin nada que perder. Sin nada, porque te lo entregué todo, sin condiciones ni reservas. Sé que no lo pediste, sé que tu amor era limitado, pequeño, ingrato. Pero siempre una espera el milagro que encienda esa luz en su camino y le anime a continuar. En mi caso, fue mi amor el que se apagó suavemente, en silencio, asqueado de tus hipócritas promesas, del tiempo malgastado aferrada a tu espalda, a las ofertas que me salieron tan caras, a un amor inventado. Era cosa de dos pero no lo entendiste ni lo valoraste.
Ahora me miras, ahora me ves, pero para ti ya es tarde porque yo ya no tengo nada que perder. Tú sí, ahora lloras arrepentido pero no creo en tus lágrimas. Las flores que me regalaste caen a mis pies y me auguran este final, con fuerza iniciaré mi andadura lejos de tus brazos, negando el papel de víctima que es el que lamentablemente me asigna la vida. Aquí estoy, frente a ti, sin nada que perder. Ahora abres los ojos y comprendes tu egoísmo y tus noches ausentes. Ahora ves el inmenso mar que te regalé un día, convertido en riachuelo, en un espejismo de agua que ha perdido su grandeza y su fuerza vital y que transcurre agonizante arrastrando a su paso esas flores amarillas que una vez lo significaron todo y que ahora, para tu desgracia, van cayendo, marchitas, en la alcantarilla de la desilusión y de las palabras que nunca fuiste capaz de dedicarme.
Ahora me miras, ahora me ves, pero para ti ya es tarde porque yo ya no tengo nada que perder. Tú sí, ahora lloras arrepentido pero no creo en tus lágrimas. Las flores que me regalaste caen a mis pies y me auguran este final, con fuerza iniciaré mi andadura lejos de tus brazos, negando el papel de víctima que es el que lamentablemente me asigna la vida. Aquí estoy, frente a ti, sin nada que perder. Ahora abres los ojos y comprendes tu egoísmo y tus noches ausentes. Ahora ves el inmenso mar que te regalé un día, convertido en riachuelo, en un espejismo de agua que ha perdido su grandeza y su fuerza vital y que transcurre agonizante arrastrando a su paso esas flores amarillas que una vez lo significaron todo y que ahora, para tu desgracia, van cayendo, marchitas, en la alcantarilla de la desilusión y de las palabras que nunca fuiste capaz de dedicarme.
Ángel
Ella podría escribir su historia con pluma de oro. Es de esos seres humanos que se vuelven imprescindibles y que marcan un antes y un después en tu vida. Llegan para llenar todos los huecos, para limar las imperfecciones y hacerte creer en la vida eterna. Su templanza y su nobleza no son habituales en los tiempos modernos, tan contaminados y vacíos, y es su pureza la que embelesa y conquista.
Entre las frías paredes de un hospital cualquiera ya la han reconocido y los enfermos la conocen como “el Ángel”. Preguntan su nombre para no olvidarlo y rozan su uniforme de trabajo para saber si es real o uno de esos sueños que nos acercan un poco más al paraíso de nubes y recuerdos que nos envuelve sólo en los momentos de calma y silencio. Su piel blanca y esos profundos ojos azules, hechos para amar y para curar las enfermedades del alma, la delatan entre sueros y vendajes, entre tantas carencias y anhelos. Su corazón sensible se pasea por las habitaciones recogiendo los pétalos de la soledad y luchando contra la desidia y las caras cansadas, las pieles enfermas, las miradas consumidas. Sus palabras reconfortan y acompañan porque es su humanidad la que aplaca los infortunios y hace más llevadera la espera y la convalecencia.

Sé que vienes del cielo y que al cielo piensas volver y lo entiendo, porque es imposible esconder por más tiempo tus alas bajo la apariencia mortal y tu mirada de ángel hace estremecer cada sentido ante tu posible partida. Entre las nubes no te veré ni podré darte las gracias por tus sonrisas, ni escucharé tus susurros ni tus cálidas canciones. Viniste de visita pero no inicies aún tu viaje de retorno, por favor. Espera un poco, unos días, una vida entera. Te necesito aquí para guiar mis pasos, para acompañarme en mis noches más dramáticas, en mis desayunos más incoloros. Puedo convertirme en sirena de profundos océanos si quieres y guardar tus alas mientras tanto en un mar aún no descubierto bajo un inquebrantable pacto de silencio para que los dioses no se atrevan a reclamarte. Puedo transformarte en una mujer que vive por y para su ética, que camine bajo la lluvia para no echar de menos las nubes, que conozca el sabor del azúcar y las alegrías que esconden los pacientes bajo su piel, al margen de sus enfermedades y sufrimientos.
Cuando la noche caiga sobre la ciudad y las luces de un hospital iluminen el pasillo central, tú entrarás en cada habitación para dar el beso más humano, el calor más arrollador. Y la persona no olvidará porque dormirá tranquila y entre suspiros se la oirá murmurar; “hoy ha venido a visitarme un ángel”. No inicies aún tu viaje de retorno, por favor. Me convertiré en guardián de tus alas para que puedas iniciar tu vida como una mortal más, las tomaré prestadas por un momento si es necesario para hacerme oír en las nubes y que arriba en el cielo comprendan lo inevitable, que han perdido un ángel.
Dedicado a una gran profesional de la enfermería, mi hermana Raquel.
Consejos para el nuevo universitario
Hay una primera vez para todo en la vida. La introducción en la Universidad implica un cambio radical en cuanto a aprendizaje, evaluación y relaciones sociales se refiere. Uno se siente perdido cuando aterriza frente a edificios desconocidos, códigos incomprensibles, pasillos interminables, explicaciones que agobian. Comprendes lo inevitable, que eres neófito en el mundo universitario. Para aplacar esa sensación de angustia, de paso de un colegio abarcable a un campus inmenso, es necesario conocer la institución en la que vas a vivir durante varios años, así como los entresijos que se esconden bajo sus cristales y salas. Si te familiarizas con el ambiente, terminas por perder el miedo. Ubicarse es fundamental. La secretaría del centro, las bibliotecas y sala de ordenadores, el COIE (Centro de Orientación y de Información de Empleo), las diferentes actividades patrocinadas por la universidad, jornadas y cursos, carnés de estudiantes…
Se rompe literalmente con la etapa anterior. Personal y académicamente hablando. Puede que lo que te funcionara en Bachillerato no te sirva de nada ahora. La toma de decisiones está en tus manos y las primeras semanas son clave para bucear por ese mundo que se abre ante ti, conocer a tus nuevos compañeros e implicarte en el proceso del aprendizaje universitario. Los grandes enemigos del universitario son la fiesta excesiva, la falta de integración o motivación, la apatía por la carrera elegida, la cafetería del campus, la falta de preparación suficiente, la carencia de madurez, el descontrol horario y la ausencia a las clases magistrales.
No desequilibres la balanza. Organiza tu tiempo, asegúrate de que la información de la que te vales provenga de fuentes fiables, asiste regularmente a las clases, pregunta tus dudas, descubre la metodología y los gustos de cada profesor, completa la bibliografía básica, documéntate, marca un horario de estudio, identifica tus prioridades y no olvides tus límites. Es una experiencia única, el salto a la educación superior, a la prudencia y la sensatez, al caos que luego se transformará en orden lógico. Al novato se le reconoce a kilómetros de distancia pero es una etapa que hay que experimentar. Echo de menos la espera masiva fuera de un aula cerrada con llave, las exposiciones de los compañeros, las clases aburridas y la sensación de triunfo tras la salida de un examen perfectamente ejecutado, la biblioteca que aún hoy me recordará con nostalgia, los trabajos individuales, el final del camino, el título académico bajo el brazo…
La universidad te libera o te condena. Depende de cómo aproveches tu libertad y del futuro que desees construir. Mi consejo es la disciplina y la seriedad. La independencia universitaria como símbolo de madurez y de paso a la vida adulta. La decisión es tuya.
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